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INFORME DE DERECHOS HUMANOS
AMNISTIA
INTERNACIONAL (1991)CASO HONDURAS |
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HONDURAS
Se recibieron frecuentes informes de tortura y malos tratos a
reclusos por parte del ejército y la policía. Según los informes,
los cargos contra algunos presos políticos se basaban sobre todo en
declaraciones extraídas mediante tortura. Dos sindicalistas y un
dirigente estudiantil resultaron muertos en circunstancias que
sugieren que fueron ejecutados extrajudicialmente por grupos
supuestamente vinculados a las Fuerzas Armadas. Varios presupuestos
delincuentes pudieran haber sido ejecutados extrajudicialmente por
la policía. Aún no estaba claro el destino sufrido por
aproximadamente 150 personas que habían desaparecido tras ser
detenidas bajo anteriores gobiernos.
En enero, Rafael Leonardo Callejas tomó posesión del cargo de
Presidente tras ser elegido en noviembre de 1989. Aunque en su
discurso inaugural, el Presidente subrayó la importancia de
salvaguardar los derechos humanos, continuaron conculándose.
Se recibieron informes de acciones atribuidas a grupos armados de la
oposición, incluidos ataques al personal militar de los Estados
Unidos en Honduras.
En mayo, Honduras firmó el Segundo Protocolo Facultativo del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos destinado a abolir la
pena de muerte; a finales de año no lo había ratificado.
Con frecuencia se detuvo a personas sin orden judicial y se las
mantuvo detenidas sin comparecer ante el Juez más allá del límite
constitucional de 24 horas. Según los informes, varios presuntos
delincuentes comunes y opositores políticos sufrieron torturas o
malos tratos de otra clase mientras se encontraban en régimen de
incomunicación en los centros de detención de la Dirección Nacional
de Investigaciones (DNI), el órgano de investigación de la policía
nacional, o en cuarteles militares. Entre los métodos de tortura
empleados se encontraban la privativación de la comida y agua; la
suspensión del techo por una cuerda pasada por las esposas con las
manos atadas a la espalda; descargas eléctricas en manos y pies;
casi asfixia en la "capucha" de caucho, a menudo impregnada de cal;
palizas, y amenazas de muerte contra las familias de los detenidos.
Manuel Castillo Reyes formaba parte de un grupo de cinco personas
detenidas en abril y acusadas de pasar armas de contrabando a la
oposición armada de El Salvador. Según los informes, le mantuvieron
incomunicado durante casi cinco semanas antes de trasladarle a la
cárcel. Según parece, durante los primeros 15 días que pasó bajo
custodia le golpearon repetidamente, le aplicaron la capucha y le
colgaron por los pies. Dijo que varios militares prendieron fuego
alrededor de él en medio de la noche y le amenazaron con quemarle
vivo. Lo dejaron en libertad tras varios meses en la cárcel, pero
otros dos presos que estaban con él, y que también afirmaron haber
sido torturados, seguían en prisión a finales de año. En una
actuación excepcional, un Juez que vio la petición de hábeas corpus
presentada en nombre de Manuel Castillo, inició una investigación de
sus denuncias de detención ilegal.
Julio Francisco Lagos Holman, Abogado, detenido en Tegucigalpa en
mayo por miembros de la DNI, fue llevado a diferentes centros
pertenecientes a la Fuerza de Seguridad Pública (FUSEP), que le
acusó de posesión de armas. Afirmó que agentes de la FUSEP le
golpearon, le dieron patadas y le aplicaron descargas eléctricas. Le
dejaron en libertad sin cargos el 8 de junio.
Las circunstancias de la detención y del interrogatorio de otros
presos políticos hicieron temer que se hubiera atentado contra su
derecho a un juicio justo, en especial debido a que se alegó que los
cargos se basaban sobre todo en confesiones obtenidas mediante
tortura. Según los informes, cinco presos detenidos en 1989 y
acusados de tráfico de armas fueron acusados sobre la base de
declaraciones extraídas mediante tortura. Algunos dijeron que les
habían tenido recluidos sin permitirles comunicarse un Abogado
durante varios meses.
Según los informes, se cometieron agresiones físicas y otros actos
intimidatorios contra sindicalistas, opositores al gobierno,
activistas de derechos humanos y estudiantes. Los grupos hondureños
de derechos humanos atribuyeron estos abusos a grupos clandestinos
presuntamente vinculados con las Fuerzas Armadas. El ex-dirigente
estudiantil Roberto Zelaya salió de Honduras en abril, tras resultar
gravemente herido en un ataque el mes anterior. Según parece, tres
hombres no identificados le secuestraron, le golpearon en la cabeza
y le hicieron con un cuchillo en el estómago.
Entre las víctimas se encontraban también varios Sacerdotes que
trabajaban con campesinos, especialmente cerca de la frontera con El
Salvador. El Padre Felipe Quintanilla, por ejemplo, informó que en
mayo dispararon hacia su casa desde un coche que pasaba. Otros
Sacerdotes recibieron amenazas anónimas de muerte.
Dos sindicalistas y un dirigente estudiantil murieron en
circunstancias que pudieron ser ejecutados extrajudicialmente. Sus
casos eran similares a otras ejecuciones extrajudiciales registradas
en años anteriores, presuntamente llevadas a cabo por grupos
vinculados a las Fuerzas Armadas.
El 20 de marzo, Dennis Hernán Rodríguez García, miembro de la
Organización Campesina de Honduras (OCH), fue secuestrado en su casa
de Talanga, Provincia de Morazán por un hombre que al parecer se
identificó como miembro de la DNI. El hombre dijo a la esposa de
Dennis Rodríguez que se lo llevaba al Cuartel del Batallón Fuerzas
Especiales. El cuerpo de Dennis Rodríguez fue encontrado al día
siguiente en una carretera cerca de Talanga, y mostraba heridas de
bala y signos de tortura. La DNI y el Batallón Fuerzas Especiales
negaron su detención.
El 31 de mayo, Francisco Javier Bonilla Medina, dirigente del
Sindicato de Trabajadores del Instituto Hondureño de Seguridad
Social (SITRAIHSS), fue muerto a tiros en Tegucigalpa por un hombre
armado vestido de civil. el pistolero intentó también matar a
Consuelo Valladares, una compañera del Sindicato que se encontraba
en aquel momento con Francisco Bonilla. Más tarde, ella y su esposo
recibieron amenazas de muerte. Los incidentes se produjeron en medio
de huelgas y otras actividades sindicales en protesta contra unas
medidas del gobierno. El Presidente Callejas nombró una comisión del
ejército para investigar la muerte de Francisco Bonilla; la comisión
concluyó que el dirigente estudiantil Martín Pineda había ordenado
el asesino. Martín Pineda se presentó voluntariamente ante el
Tribunal, que no encontró pruebas que le incriminaran, y fue puesto
en libertad sin cargos después de pasar seis días bajo custodia. La
comisión acusó también a tres hombres de llevar a cabo el asesinato,
pero ellos lo negaron diciendo que les habían obligado a confesar el
crimen torturándoles.
El cuerpo de Ramón Antonio Briceño, líder estudiantil del Frente de
Reforma Universitaria (FRU), fue encontrado en junio con 11
orificios de bala y señales de golpes. Poco antes de su muerte, la
Alianza de Acción Anticomunista (AAA), había pintado el mensaje
"Briceño, estás muerto" en los muros de la Universidad Nacional.
Hubo pocos progresos en las investigaciones sobre estos asesinatos
políticos y otros que tuvieron lugar en años anteriores, tales como
las muertes, en 1988, de Miguel Angel Pavón Salazar y Moisés
Landaverde (véase Informes 1989 y 1990). A finales de 1990 no se
había llevado a nadie ante la justicia por ninguna de estas muertes.
Según los informes, varios presuntos criminales murieron en
circunstancias que sugieren que fueron víctimas de ejecuciones
extrajudiciales perpetradas por agentes de la policía. En mayo,
Walter David Cruz Torres y Kemer Javier Andino López fueron
detenidos por cuatro agentes del DNI en Tegucigalpa y acusados de
robo. Según perece les interrogaron, les golpearon y les dispararon
en una carretera cerca de Olancho. Walter Cruz murió
instantáneamente, pero Kemer andino escapó.
Tres comerciantes salvadoreños, según los informes, desaparecieron
después de ser detenidos sin orden de arresto por soldados
hondureños en noviembre, al cruzar la frontera con Honduras para
comprar comida y ropas. El ejército negó que los tuviera detenidos.
Más tarde se informó que habían sido deportados a El Salvador a
primeros de diciembre.
En un informe presentado al Gobierno de Honduras en diciembre de
1989, el relator especial de la tortura de las Naciones Unidas hizo
una serie de recomendaciones para la prevención de la tortura en
Honduras, entre ellas la creación de una oficina del Procurador
Público dependiente de la Procuraduría General de la República, y
que se transfiriera el control de la policía de las autoridades
militares a las civiles. Según la información de que disponía
Amnistía Internacional, a finales de 1990 no se había apoicado
ninguna de dichas recomendaciones, si bien se habían dado varios
pasos iniciales para la futura creación de una policía judicial.
En junio, Amnistía Internacional escribió al Presidente Callejas
aprobando su declaración de compromiso en la protección de los
derechos humanos e instándole a que tomara las medidas necesarias
para garantizar que se investigarían a fondo los abusos, incluidos
los homicidios, y que se juzgaría a los responsables. La
organización continuó haciendo llamamientos para que se aclarase el
paradero de aproximadamente 150 detenidos que habían desaparecido
bajo gobiernos anteriores.
En diciembre, el Ministro de Gobernación y Justicia anunció que el
gobierno hondureño iba a investigar estos casos de desapariciones.
Amnistía Internacional recibió con satisfacción dicho anuncio, y
solicitó más detalles de las investigaciones propuestas. Además,
pidió que se aclarase el paradero de los tres comerciantes
salvadoreños que desaparecieron en noviembre. No se recibió
respuesta alguna.
También en diciembre, el gobierno hondureño pagó finalmente la
indemnización a las familias de las víctimas desaparecidas Angel
Manfredo Velázquez y Saúl Godínez, tal como había ordenado la Corte
Interamericana de Derechos Humanos en 1988 y 1989 (véanse informes
1989 y 1990).
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