Los Límites de una
ciudadanía Asistida
|
|
Por: Rolando Sierra
Historiador y Sociólogo
Cada vez más dentro de la opinión
pública del país se viene empleando una serie de
términos para dar cuenta a los niveles de participación
de la gente con relación a aquello, que de alguna manera
afecta sus vidas. En sentido, hoy se hable de sociedad
civil, de actores sociales de participación ciudadana,
sin embargo no se habla de la existencia de una
ciudadanía como tal.
Hay que recordar que el proceso de expansión de una
ciudadanía ha estado en el ideal ilustrado de los
independistas hondureños, como Dionisio de Herrera y
Francisco Antonio Márquez o en el proyecto positivista
de Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa. Este último
expresaba en 1882: “Nosotros tenemos pueblo en el
sentido vulgar de la palabra; pero no en la acepción
política, no en la acepción de República, acepciones que
hacen juzgar al pueblo como una entidad nacional
poseedora de la soberanía y capaz de dirigir sus
destinos, dándose libremente, por medio del organismo de
gobierno, su representación interior y exterior.
Nosotros no podemos decir que en vez de esa entidad
nacional, tenemos masas dispersas, colonos a la
española”. (Rosa, 1980; 493-494)
Para Rosa la constitución del Estado y la
nación hondureña, afrontan los problemas de la ausencia
de una ciudadanía activa, la dispersión de la población
y la ausencia de lo que el llama la falta de un
“Sentimiento Nacional”.
Esta visión de Rosa permite ubicar un modelo de
ciudadanía que ha sido impulsado en el país casi hasta
el presente. Se trata de un modelo de ciudadanía
asistida, es decir,desde el Estado es que se ha
intentado la expansión de la ciudadanía. Se trata de una
ciudadanía tutelada ya sea desde los partidos políticos
o por “lideres”, por medio del clientelismo electoral y
el paternalismo social con los diferentes programas de
subsidios, convirtiendo lo que podría ser una ciudadanía
social, esencialmente en una ciudadanía subsidiada. De
este modo la ciudadanía es concebida esencialmente de
naturaleza civil.
En este modelo de ciudadanía, la ciudadanía política
es solo de derechos formales, el principalmente el
derecho a elegir y ser elegido y los derechos sociales
no son demandables en un sentido positivo a menos que
tengan una base contributiva. Los derechos sociales en
el caso de que sean asimilables a servicios sociales
están sujetos a la disponibilidad de recursos: por eso
son en realidad, una suerte de condiciones de
oportunidad.
El modelo de una ciudadanía asistida se ubica en la
tradición más conservadora de la políticas económicas y
sociales y que pueden reconocerse en las formulaciones
teóricas de Hajek (Hajek, 1944) y Freedman (Freedman
1961). Es la concepción hegemónica asociada a los
ajustes económicos y modelos de la apertura económica
predominantes hoy en América Latina.
Este modelo parte de una concepción atomicista de la
sociedad en la que se reconocen individuos con intereses
como el principio organizador de toda asociación humana.
El arquetipo de modelo es el “hombre económico” el que
maximizando su beneficio personal automáticamente
beneficia al conjunto social.
Esto es así, porque la ciudadanía, ya no es en
relación con el Estado o la Nación, sino con relación al
mercado. Así el Estado debe ser mínimo y no alterar ni
inferir sobre el mecanismo autorregulativo básico en el
que se encuentran y optimizan socialmente los intereses
de millones de vendedores y consumidores, esto es el
mercado.
El mercado se concibe como un mecanismo
autorregulativo, autónomo de la política y de la
política social y además, su lógica es hegemónica en la
formulación de las políticas públicas, por lo que
siempre hay que escuchar a los mercados y no
necesariamente a los ciudadanos.
Es importante recordar que la ciudadanía nació con la
promesa de la Revolución Francesa de que todas las
personas son iguales y que tienen derecho a gobernarse,
eligiendo a los pares como dirigentes. |