El Congreso Nacional, una entidad
clave
en la gobernabilidad democrática
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por : Alvaro Calix
Investigador Social
Que los gobiernos logren
estabilidad, inclusión social, eficiencia y legitimidad es
el propósito que se persigue cuando se alude a la
gobernabilidad democrática.Las democracias modernas intentan
basar su gobernabilidad en la construcción de consensos que
son avalados por las mayorías ciudadanas. Aunque no el
único, un espacio privilegiado para el surgimiento de
consensos es la asamblea legislativa o parlamento, según sea
el régimen político adoptado por cada Estado.
Así, la mera estabilidad política no es
signo inequívoco de gobernabilidad. La estabilidad se puede
alcanzar por mecanismos que evadan procesar democráticamente
los conflictos, ya sea mediante la cooptación, represión,
alienación, o una mezcla de éstos. La estabilidad
democrática implica, más bien, la existencia de instancias y
procedimientos aceptados socialmente que propicien ventilar
los conflictos por cauces transparentes, en los que sean los
argumentos más convincentes y legítimos los que prevalezcan
en las decisiones públicas.
La asamblea legislativa, - el Congreso
Nacional en el caso de Honduras- es una de las instancias
claves de la democracia representativa para procesar las
demandas e iniciativas sociales.De manera que la
estabilidad, para que sea tildada de democrática, requiere
de la inclusión social, es decir la participación activa y
horizontal de los diferentes intereses sociales involucrados
en una decisión pública.
El proceso evolutivo de la democracia ya
asume, como principio, que la inclusión social no es
equivalente al “gobierno de las mayorías”, ni mucho menos a
la imposición de las minorías. No se trata aquí de un juego
suma cero en el que el ganador se lo lleva todo, sino más
bien de encontrar diseños políticos que promuevan la toma de
decisiones que reflejen la posición mayoritaria, pero
estableciendo salvaguardas a los derechos esenciales
(universalmente aceptados) de los que sustentan posiciones
minoritarias..
No toda opinión por ser mayoritaria es
per se democrática, por cuanto la democracia no se
reduce a la agregación de voluntades individuales, hace
falta que dicha opinión/decisión respete las garantías
fundamentales de todas las personas que directa o
indirectamente se verán afectadas con una decisión. Por
supuesto, que resulta de suyo complejo identificar para cada
caso concreto los límites que deben establecerse a la
decisión mayoritaria; empero, reconocer la existencia de
esos límites, es ya un avance encomiable.
El Congreso Nacional es al tenor de este
enfoque, un espacio político que, por medio del consenso y
el respeto a la carta de derechos de ciudadanía, modera y
canaliza la variedad de inquietudes sociales. Por lo tanto,
el Congreso, a diferencia de un simple ejercicio
plebiscitario (que, sin dejar de reconocer su importancia,
no debe verse como sustituto de la formación de consensos),
ofrece mediante el debate y argumentación pública, la
oportunidad de encontrar soluciones menos polarizadas a los
conflictos societales. Ahora bien, para cumplir ese rol
democratizante, el Congreso Nacional jamás debe ser asumido
como un circuito cerrado en el que solo sus miembros tienen
el derecho de opinar y decidir, ya que debe, por el
contrario, aspirar a ser un espacio de convocatoria y
diálogo para los distintos grupos sociales que tienen algo
qué decir sobre un tema en particular.
Si se cumple la condición de existencia
de la inclusión social, es bastante probable que los niveles
de legitimidad de la democracia representativa vayan en
aumento o se mantengan en niveles aceptables. En el contexto
de una cultura política pro democrática, la mayoría de los
actores sociales tenderán a reconocer que el Congreso
Nacional, si bien no necesariamente avalará su posición, es
una instancia confiable, cuyas decisiones son construidas
mediante un proceso deliberativo y transparente.
En Honduras, diferentes estudios
muestran que el órgano legislativo tiene un gran desafío en
aumentar los niveles de confianza que la población le
dispensa. Esta es una labor que excede al ejercicio de un
gobierno, por cuanto es una mística acumulada de desempeño y
de formas de relación con las organizaciones sociales.
Al concurrir la estabilidad, la
inclusión social y la legitimidad, están puestas sobre la
mesa las condiciones mínimas para que las decisiones
públicas puedan llegar a ser eficientes, que en el caso del
Congreso Nacional, implica la responsabilidad de determinar
líneas de política pública y marcos legislativos que
promuevan el desarrollo y la equidad, así como ejercer
mecanismos de contrapeso con los otros poderes, que vengan a
garantizar la rendición de cuentas y, sobretodo, la
adecuación del rumbo, cuando un determinado organismo
público está actuando de manera contraria a las directrices
de la políticaasumida por el Estado.
En síntesis, la gobernabilidad
democrática descansa en buena parte en la adecuada gestión
de un Congreso Nacional. Esto presupone algunos requisitos,
dirigidos a que una entidad parlamentaria:a) asegure que el
ejecutivo no actuará auto referenciado por una lógica
meramente tecnocrática, b) Se democratice progresivamente al
interior, volviendo más transparente el proceso de
confección de la agenda legislativa, c) se profesionalice la
función de los diputados, de manera que cuenten con la
asesoría oportuna para tomar las decisiones a ellos
encomendadas, d) que busque permanentemente el
relacionamiento horizontal con los colectivos sociales
implicados en un determinado asunto público, e) propicie que
los diputados respondan a los intereses de la colectividad y
no a intereses particulares que pretenden instituir o
mantener espacios reservados de poder, f) garantice la
eliminación de la impunidad, para aquellos que al cobijo de
la función legislativa busquen evadir su responsabilidad
jurídica frente a conductas ilícitas en la que hayan
incurrido.Al pasar revista a los elementos anteriores, se
puede apreciar que en el país han venido dándose esfuerzos
hacia la superación del déficit observado en la función del
Congreso Nacional. Aun así, queda mucho que hacer y se
requiere de una voluntad política comprometida con cambios
que hagan más confiable y democrática a esta entidad.
Hoy día, con suma urgencia,
Honduras está requiriendo una mayor y mejor participación
del Congreso Nacional en la investigación de los impactos de
las políticas de gobierno, en la aprobación y en la
liquidación del presupuesto general de la república, en la
estrategia de reducción de la pobreza, en la naturaleza y
alcances de los acuerdos suscritos con los organismos
internacionales, entre otros aspectos de interés nacional.
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