|
Una elección sin
propuestas; así transcurrieron las primarias
|
|
|
Por: Thelma Mejía*
Periodista
|
Las elecciones primarias
del 20 de febrero evidenciaron la capacidad de las
hondureñas y los hondureños en cuanto al manejo del voto, no
así en su forma de elección. Nuevamente la población votó
por ofertas electorales y no por propuestas de país. Las
canciones y la saturación propagandística y publicitaria
prevalecieron sobre el debate y las ideas. No en vano, en
menos de 45 días y en un sondeo al azar, los políticos
erogaron cerca de 77 millones de lempiras en publicitarse,
en su mayoría en Francisco Morazán, uno de los departamentos
con mayor número de electores.
Pero no sólo eso incidió en
el voto del elector. También la oferta de uno de los
movimientos en contienda, particularmente en el Partido
Nacional, que ofreció una súper mano dura a la delincuencia,
ante el clima de inseguridad ciudadana que azota el país. La
interrogante es, ¿podrá el ahora candidato nacionalista,
Porfirio Lobo, mantener su propuesta, consciente que las
elecciones generales no se ganan únicamente con el voto duro
del partido? La respuesta nuevamente la tendrá el elector.
La política de súper mano
dura que habla de instaurar la pena de muerte, en casos
excepcionales, así como el retorno de viejas formas de
autoritarismo como la época del caríato, de los años
cuarenta, para poder “dormir con las puertas abiertas”, no
deja de ser un discurso preocupante entre organismos
humanitarios, grupos cooperantes y un amplio sector de la
sociedad civil. Se percibe que el país, lejos de avanzar en
el estado de derecho, involuciona. Las reformas al artículo
332, conocida como “ley antimaras”, es uno de los tantos
ejemplos.
Pero, al momento de votar,
al menos, en las elecciones primarias, esos razonamientos no
formaron parte de los pensamientos del elector. La
aplastante victoria con que se ungieron Porfirio Lobo Sosa,
en el partido Nacional, y Manuel Zelaya, en el partido
Liberal, sobre sus contendores, ratifica que la estructura
partidaria se mueve alrededor de los líderes que tienen el
control de la base del partido, donde el activismo político
es fundamental. Un activismo centrado más en formas
clientelares de captación de votos que en propuestas
electorales con visión de país. Eso, al menos, es lo que se
ha reflejado al interior de los dos partidos políticos con
mayor opción de triunfo de cara a las elecciones generales.
En el partido Liberal, por
ejemplo, el candidato Manuel Zelaya ganó sin oferta
electoral concreta, excepto su plataforma política de “poder
ciudadano” que data desde 1999, pero que a la fecha, se
desconoce si la visión fue actualizada, ampliada o
consensuada. De los discursos políticos ofrecidos por los
dos candidatos vencedores en su partido, se deduce que su
visión sobre los principales temas del país es superficial y
demagógica.
A manera de ejemplo, los
ahora candidatos al referirse al tema del empleo lo conciben
como la instalación en el país de grandes centros de maquila
o la irrigación del territorio nacional en materia agrícola
a nivel rural, donde en ambos casos, la participación
femenina será fundamental porque “administran” mejor el
dinero que los hombres.
En el tema de corrupción,
ambos hablan de castigo y aplicación de la ley, pero evitan
pronunciarse sobre la impunidad de algunos delitos de
“cuello blanco”, el debilitamiento del Ministerio Público y
el fortalecimiento del Tribunal Superior de Cuentas o la
Procuraduría General de la República, entre otros aspectos.
Estos temas, no los abordan a fondo, porque en marketing
político estas ofertas no “jalan” al elector. Esa al menos
parece ser la visión de los estrategas.
A nivel de propuestas, la
gente votó pero no eligió. Sin embargo, no todo fue malo en
el recién concluido proceso electoral primario. Una nueva
Ley Electoral y de las Organizaciones Políticas fue
estrenada, igual que un Tribunal Supremo Electoral. En ambos
casos, se suscitaron pruebas de fuego y se evidenciaron
fortalezas y debilidades sujetas a un análisis más riguroso.
Para algunos analistas, las
elecciones primarias, al margen de las irregularidades
presentadas por quienes no fueron favorecidos con el voto,
particularmente en la elección a diputados, no dejaron de
mostrar sorpresas agradables: muchos viejos personajes y
caciques políticos no regresarán al Congreso; en tanto un
amplio sector de medios de comunicación masiva no concretó
sus planes de imponer una candidatura presidencial mediática
en el país.
Incluso, los más optimistas
se atreven a afirmar que la política volvió al lugar de
donde nunca debió haber salido: a la clase política,
centrando su afirmación en el hecho de que los medios de
comunicación, en su mayoría, dejaron de ser ese viejo mito
de “poner, elegir y quitar” gobernantes.
También se demostró que el
voto cruzado y el uso de la papeleta con fotografía, a nivel
de diputados, funcionó. No fue un fracaso como muchos
auguraban antes y posterior a los comicios. Datos
preliminares indican que en el Partido Nacional, el 45% de
los electores cruzó el voto, en tanto en el Partido Liberal
lo hizo el 53% de los votantes.
No obstante, la
capacitación no fue suficiente por parte de los partidos
políticos mismos, el Tribunal Supremo Electoral ni las
organizaciones de sociedad civil, últimas que lograron ser
incluidas dentro de un proceso de observación nacional, al
margen de que éste no es permitido por la Ley Electoral y de
las Organizaciones Políticas. Hubo una buena labor de
incidencia y mucha madurez política por parte de los
partidos políticos.
Pero también se dieron
irregularidades: denuncias de fraudes a nivel de elección de
diputados y la repetición de los comicios en una de las
alcaldías, especialmente en Quimistán, Santa Bárbara, donde
los encargados de las mesas electorales abandonaron el sitio
y los militares confiscaron las urnas, pusieron a prueba la
capacidad del TSE, que atribuye estas acciones a la prisa
con que inició todo: el arranque de la Ley Electoral y de
las Organizaciones Políticas, la conformación del mismo TSE
y la convocatoria a las elecciones primarias. “Fue casi todo
simultáneo”, dijo a Demokratia, el magistrado Arístides
Mejía.
La nueva Ley Electoral y de
las Organizaciones Políticas otorga al TSE atribuciones para
las que no estaban preparados, pero que prometen mejorar de
cara a los comicios generales de la última semana de
noviembre de 2005.
Un informe del Centro de
Investigación y Promoción de los Derechos Humanos (Ciprodeh),
vinculado a un proyecto de observación y monitoreo del
proceso electoral, reveló datos interesantes en materia de
costos de campaña. Las aproximaciones, preliminares y
conservadoras, evidencian que la campaña de las primarias
fue eminentemente mediática y no todos los aspirantes
pudieron ejercer su derecho de equidad y justicia electoral.
Mientras unos aspirantes
promovían sus ofertas a través de stickers o pegatinas
sencillas a un costo de siete lempiras por unidad, otros
usaban ese mismo recurso pero más sofisticado: pagaron 16
lempiras por cada pegatina en papel satinado, a colores.
Multiplicados esos costos por cinco mil o 10 mil
impresiones, la cifra puede ser abultada. En tanto, a nivel
de medios masivos de comunicación los costos de campaña
ofrecen cifras que dan escalofríos: una página a colores,
sin estar en posición preferencial en los medios escritos,
cuesta más de 41 mil lempiras, en tanto un spot de 30
segundos en televisión en horario estelar de las
telenovelas, anda por los 24 mil lempiras, y la transmisión
de una hora de concentración en las radios oscila por los 30
mil lempiras.
No es de extrañar entonces
que los estrategas publicitarios afirmen que un aspirante a
diputado para promocionarse masivamente, sin que ello le
garantice opciones reales de salir, tenía que invertir entre
500 mil y dos millones de lempiras. Sólo en el departamento
de Lempira, un aspirante a diputado que fue favorecido con
el voto, confesó al diario virtual Conexihon, que había
invertido cerca de 450 mil lempiras y es probable que la
cifra fuera conservadora.
Esas cantidades
inmanejables hacen que las campañas no sean justas ni
equitativas, dejando un sabor amargo al momento del análisis
frío de cifras y datos. Pero sin duda, el mayor sabor amargo
de estas elecciones lo llevaron las mujeres: de 410
aspirantes a puestos electivos, apenas 52 fueron favorecidas
con el voto, implicando que en el próximo Congreso la
representación femenina lejos de aumentar apunta a una
disminución que debe llamar a la reflexión a las
organizaciones femeninas y la sociedad en general. De ahí
que se afirme que en estas primarias los hondureños dieron
muestras de saber votar, pero no de saber elegir. Ese sin
duda será el siguiente paso.
|
|