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Libertad de
Expresión y Protesta Social
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Por: Félix Antonio Avila Ortiz
En un país como el nuestro, con muchas desigualdades
sociales, -con un índice de pobreza de los más altos en
América latina- la propuesta es una de las formas de acción
colectiva que se manifiesta más a menudo. En mi opinión,
estimo que las formas de propuestas se originan por las
escasas respuestas que el Estado brinda a las demandas de
los sectores sociales. La protesta social no es más que una
genuina forma de expresión de los ciudadanos frente el orden
social existente y que de alguna manera se pretende
corregir.
Tal como lo planteara Gargarella•, es una verdad que en
muchos países como el nuestro los ciudadanos, si bien es
cierto pueden protestar en determinado momento, no siempre
son escuchados por los gobernantes de turno. La protesta
ciudadana como forma de libertad de expresión siempre será
utilizada por aquellos grupos minoritarios, excluidos, que
no pueden y no tienen la capacidad para estar o ser parte de
los sectores de poder.
Cuando la sociedad se encuentra en esta realidad, en donde
los sectores excluidos no son una minoría, sino un gran
sector de la población, la protesta se vuelve un asunto
sumamente grave para el gobierno. En Honduras, los reclamos
de las clases menos favorecidas se han patentizado a tal
grado que en septiembre de 2005, ante la crisis en los
precios de los combustibles, los conductores de taxis
organizados paralizaron el país durante todo el día. El
gobierno tuvo que negociar con ellos, lo cual posibilitó un
congelamiento de los precios de los derivados del petróleo,
y significó para el partido de gobierno una derrota en las
elecciones generales de noviembre de 2005. Está visto pues,
que la protesta como forma legítima para viabilizar las
demandas de la sociedad es utilizada también para el reclamo
no solo de los derechos tradicionales (civiles y políticos)
sino para el reclamo de los Derechos Económicos Sociales y
Culturales.
En estos días se están desarrollando en todo lo largo y
ancho de nuestro territorio, constantes reclamos del sector
magisterial, exigiendo del gobierno el cumplimiento del
Estatuto del Docente, instrumento legal que dicho sea de
paso, es el único que goza de rango constitucional. En mi
opinión, las demandas del sector magisterial son legítimas,
pues se trata de reclamar aquellos derechos que el Estado
mismo, por medio de sus constituyentes primero, y luego por
el legislador ordinario, les concedió como justo
reconocimiento por su labor como formadores de la niñez y la
juventud. Los docentes protestan en la actualidad debido a
que en los últimos años se ha acumulado una deuda por parte
del gobierno hacia dicho sector, que debe ser cumplida, no
obstante parece ser que no reciben la respuesta que desean
escuchar. En ese orden de ideas, las protestas van
encaminadas a decirle al gobierno que no está de acuerdo con
sus planteamientos disienten pues, de manera como los
poderes público pretenden resolver un conflicto que no ha
sido creado por los docentes, sino que, a mi modo de ver,
por el Estado mismo, José Zalaquett sostiene que el disenso
que puede producirse a través de las protestas sociales
<claro que bien canalizado> es un elemento sustancial, y a
la vez un verdadera fertilizante del progreso político y
social. Pero cuando se protesta por una causa justa existe
la posibilidad de extralimitarse, desarrollando otras
conductas totalmente ajenas como ser, tomas de calles, y
producción de daños en los bienes públicos o privados. Esta
forma violenta de protestar deslegitima cualquier protesta
bien intencionada, de ahí que, debe extremarse el cuidado en
el análisis de los presupuestos de legitimación de dichas
acciones sociales. Por esta razón, es importante hacer un
análisis en cuanto a los presupuestos que pueden legitimar
la protesta en cuestión.
Pues bien, esos presupuestos legitimadores de cualquier
protesta social son, según el Profesor Zalaquett, a) una
causa justa para protestar, no puede concebirse una protesta
contra una causa legítima. Es mi opinión que las demandas
presentadas por los docentes van encaminadas a obtener unos
beneficios sociales que el gobierno les adeuda en la
actualidad. Da la impresión que la legitimada para dar
respuestas a las demandas magisteriales ha perdido el
control, entonces los demandantes se han hecho del poder y
control de las calles, en todo caso, es parte del pueblo
quien protesta de manera justa. b) Debe existir una recta
intención. El hecho de recurrir a la protesta, a la fuerza y
la desobediencia civil, deben tener un objetivo válido, y
una buena intención. Sin lugar a dudas que el hecho de pedir
que el gobierno cumpla con los compromisos sociales,
otorgando mejores salarios, supone mejores condiciones de
vida para los docentes y sus familias, esperando que ello
redunde en una mejor educación de los niños y adolescentes
de este país. c) Debe existir proporcionalidad entre los
perjuicios ocasionados y lo beneficios que se obtengan. Si
bien es cierto, la protesta puede ocasionar ciertos
perjuicios, por la toma de las calles, y la paralización de
ciertos servicios básico, entre estos y los fines legítimos
perseguidos y los beneficios que se pueden obtener sin lugar
a dudas existe proporcionalidad.
Ahora quiero abordar el tema de la protesta social, cuando
entra en colisión con otros derechos y normas legales. El
gobierno ha anunciado la adopción de una serie de medidas,
entre ellas una de tipo legislativo, encaminadas a endurecer
las penas existentes para quienes se tomen calles y otros
bienes públicos, así como establecer pautas a los jueces al
momento de valorar las pruebas. Me preocupa la visión
totalitaria de ver y enfrentar las cosas por parte del
gobierno, no es amenazando con penas privativas de libertad
con que se pueden resolver estos conflictos de tipo social,
sino que mediante el diálogo profundo y constructivo. Por
otra parte, parece que cada vez más el Poder Ejecutivo
recurre al derecho sancionador para resolver problemas que
nada tienen que ver con la violación de bienes jurídicamente
protegidos. Esta forma de ver las cosas solamente produce lo
que puede llamar una super inflación del derecho penal,
convirtiendo como antijurídicas muchas conductas que son
totalmente legítimas, como ser el hecho de protestar y
ejercer el derecho a la libertad de expresión. Parece que
cada día más se quiere hacer uso del derecho penal de autor,
sancionando a las personas por lo que son, y la manera de
comportarse socialmente, y no por lo que hacen. Creo que ya
hemos tenido suficiente con los problemas jurídicos que nos
ha traído la llamada Ley Antimaras para tener que
enfrentarnos a una ley que sancione a las personas solo por
el hecho de circular por las calles protestando, solamente
porque a otras personas no les interese sus problemas, o por
que los suyos nunca han existido o los tienen solucionados.
Estimo que en la legislación penal vigente existen normas
que pueden ser adecuadas para sancionar a las personas que
se extralimiten en las acciones de protesta legítima, y que
si en verdad como sus acciones afectan la libertad de
tránsito y otros derechos y bienes, corresponde a los
Jueces, decidir si privilegiar el derecho a la protesta
legítima como una manifestación del derecho a la libertad de
expresión, o a los otros derechos mencionados. En todo caso,
deben tenerse en cuenta los presupuestos legitimadores
tratados antes, para encontrar ese justo equilibrio entre
derechos tan importantes.
Tegucigalpa, M.D.C. 2 de agosto de 2006.
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