HONDURAS
Se recibieron frecuentes informes de tortura y
malos tratos a reclusos por parte del ejército y
la policía. Según los informes, los cargos
contra algunos presos políticos se basaban sobre
todo en declaraciones extraídas mediante
tortura. Dos sindicalistas y un dirigente
estudiantil resultaron muertos en circunstancias
que sugieren que fueron ejecutados
extrajudicialmente por grupos supuestamente
vinculados a las Fuerzas Armadas. Varios
presupuestos delincuentes pudieran haber sido
ejecutados extrajudicialmente por la policía.
Aún no estaba claro el destino sufrido por
aproximadamente 150 personas que habían
desaparecido tras ser detenidas bajo anteriores
gobiernos.
En enero, Rafael Leonardo Callejas tomó posesión
del cargo de Presidente tras ser elegido en
noviembre de 1989. Aunque en su discurso
inaugural, el Presidente subrayó la importancia
de salvaguardar los derechos humanos,
continuaron conculándose.
Se recibieron informes de acciones atribuidas a
grupos armados de la oposición, incluidos
ataques al personal militar de los Estados
Unidos en Honduras.
En mayo, Honduras firmó el Segundo Procolo
Facultativo del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos destinado a abolir la pena
de muerte; a finales de año no lo había
ratificado.
Con frecuencia se detuvo a personas sin orden
judicial y se las mantuvo detenidas sin
comparecer ante el Juez más allá del límite
constitucional de 24 horas. Según los informes,
varios presuntos delincuentes comunes y
opositores políticos sufrieron torturas o malos
tratos de otra clase mientras se encontraban en
régimen de incomunicación en los centros de
detención de la Dirección Nacional de
Investigaciones (DNI), el órgano de
investigación de la policía nacional, o en
cuarteles militares. Entre los métodos de
tortura empleados se encontraban la
privativación de la comida y agua; la suspensión
del techo por una cuerda pasada por las esposas
con las manos atadas a la espalda; descargas
eléctricas en manos y pies; casi asfixia en la
"capucha" de caucho, a menudo impregnada de cal;
palizas, y amenazas de muerte contra las
familias de los detenidos.
Manuel Castillo Reyes formaba parte de un grupo
de cinco personas detenidas en abril y acusadas
de pasar armas de contrabando a la oposición
armada de El Salvador. Según los informes, le
mantuvieron incomunicado durante casi cinco
semanas antes de trasladarle a la cárcel. Según
parece, durante los primeros 15 días que pasó
bajo custodia le golpearon repetidamente, le
aplicaron la capucha y le colgaron por los pies.
Dijo que varios militares prendieron fuego
alrededor de él en medio de la noche y le
amenazaron con quemarle vivo. Lo dejaron en
libertad tras varios meses en la cárcel, pero
otros dos presos que estaban con él, y que
también afirmaron haber sido torturados, seguían
en prisión a finales de año. En una actuación
excepcional, un Juez que vio la petición de
hábeas corpus presentada en nombre de Manuel
Castillo, inició una investigación de sus
denuncias de detención ilegal.
Julio Francisco Lagos Holman, Abogado, detenido
en Tegucigalpa en mayo por miembros de la DNI,
fue llevado a diferentes centros pertenecientes
a la Fuerza de Seguridad Pública (FUSEP), que le
acusó de posesión de armas. Afirmó que agentes
de la FUSEP le golpearon, le dieron patadas y le
aplicaron descargas eléctricas. Le dejaron en
libertad sin cargos el 8 de junio.
Las circunstancias de la detención y del
interrogatorio de otros presos políticos
hicieron temer que se hubiera atentado contra su
derecho a un juicio justo, en especial debido a
que se alegó que los cargos se basaban sobre
todo en confesiones obtenidas mediante tortura.
Según los informes, cinco presos detenidos en
1989 y acusados de tráfico de armas fueron
acusados sobre la base de declaraciones
extraídas mediante tortura. Algunos dijeron que
les habían tenido recluidos sin permitirles
comunicarse un Abogado durante varios meses.
Según los informes, se cometieron agresiones
físicas y otros actos intimidatorios contra
sindicalistas, opositores al gobierno,
activistas de derechos humanos y estudiantes.
Los grupos hondureños de derechos humanos
atribuyeron estos abusos a grupos clandestinos
presuntamente vinculados con las Fuerzas
Armadas. El ex-dirigente estudiantil Roberto
Zelaya salió de Honduras en abril, tras resultar
gravemente herido en un ataque el mes anterior.
Según parece, tres hombres no identificados le
secuestraron, le golpearon en la cabeza y le
hicieron con un cuchillo en el estómago.
Entre las víctimas se encontraban también varios
Sacerdotes que trabajaban con campesinos,
especialmente cerca de la frontera con El
Salvador. El Padre Felipe Quintanilla, por
ejemplo, informó que en mayo dispararon hacia su
casa desde un coche que pasaba. Otros Sacerdotes
recibieron amenazas anónimas de muerte.
Dos sindicalistas y un dirigente estudiantil
murieron en circunstancias que pudieron ser
ejecutados extrajudicialmente. Sus casos eran
similares a otras ejecuciones extrajudiciales
registradas en años anteriores, presuntamente
llevadas a cabo por grupos vinculados a las
Fuerzas Armadas.
El 20 de marzo, Dennis Hernán Rodríguez García,
miembro de la Organización Campesina de Honduras
(OCH), fue secuestrado en su casa de Talanga,
Provincia de Morazán por un hombre que al
parecer se identificó como miembro de la DNI. El
hombre dijo a la esposa de Dennis Rodríguez que
se lo llevaba al Cuartel del Batallón Fuerzas
Especiales. El cuerpo de Dennis Rodríguez fue
encontrado al día siguiente en una carretera
cerca de Talanga, y mostraba heridas de bala y
signos de tortura. La DNI y el Batallón Fuerzas
Especiales negaron su detención.
El 31 de mayo, Francisco Javier Bonilla Medina,
dirigente del Sindicato de Trabajadores del
Instituto Hondureño de Seguridad Social (SITRAIHSS),
fue muerto a tiros en Tegucigalpa por un hombre
armado vestido de civil. el pistolero intentó
también matar a Consuelo Valladares, una
compañera del Sindicato que se encontraba en
aquel momento con Francisco Bonilla. Más tarde,
ella y su esposo recibieron amenazas de muerte.
Los incidentes se produjeron en medio de huelgas
y otras actividades sindicales en protesta
contra unas medidas del gobierno. El Presidente
Callejas nombró una comisión del ejército para
investigar la muerte de Francisco Bonilla; la
comisión concluyó que el dirigente estudiantil
Martín Pineda había ordenado el asesino. Martín
Pineda se presentó voluntariamente ante el
Tribunal, que no encontró pruebas que le
incriminaran, y fue puesto en libertad sin
cargos después de pasar seis días bajo custodia.
La comisión acusó también a tres hombres de
llevar a cabo el asesinato, pero ellos lo
negaron diciendo que les habían obligado a
confesar el crimen torturándoles.
El cuerpo de Ramón Antonio Briceño, líder
estudiantil del Frente de Reforma Universitaria
(FRU), fue encontrado en junio con 11 orificios
de bala y señales de golpes. Poco antes de su
muerte, la Alianza de Acción Anticomunista (AAA),
había pintado el mensaje "Briceño, estás muerto"
en los muros de la Universidad Nacional.
Hubo pocos progresos en las investigaciones
sobre estos asesinatos políticos y otros que
tuvieron lugar en años anteriores, tales como
las muertes, en 1988, de Miguel Angel Pavón
Salazar y Moisés Landaverde (véase Informes 1989
y 1990). A finales de 1990 no se había llevado a
nadie ante la justicia por ninguna de estas
muertes.
Según los informes, varios presuntos criminales
murieron en circunstancias que sugieren que
fueron víctimas de ejecuciones extrajudiciales
perpetradas por agentes de la policía. En mayo,
Walter David Cruz Torres y Kemer Javier Andino
López fueron detenidos por cuatro agentes del
DNI en Tegucigalpa y acusados de robo. Según
perece les interrogaron, les golpearon y les
dispararon en una carretera cerca de Olancho.
Walter Cruz murió instantáneamente, pero Kemer
andino escapó.
Tres comerciantes salvadoreños, según los
informes, desaparecieron después de ser
detenidos sin orden de arresto por soldados
hondureños en noviembre, al cruzar la frontera
con Honduras para comprar comida y ropas. El
ejército negó que los tuviera detenidos. Más
tarde se informó que habían sido deportados a El
Salvador a primeros de diciembre.
En un informe presentado al Gobierno de Honduras
en diciembre de 1989, el relator especial de la
tortura de las Naciones Unidas hizo una serie de
recomendaciones para la prevención de la tortura
en Honduras, entre ellas la creación de una
oficina del Procurador Público dependiente de la
Procuraduría General de la República, y que se
transfiriera el control de la policía de las
autoridades militares a las civiles. Según la
información de que disponía Amnistía
Internacional, a finales de 1990 no se había
apoicado ninguna de dichas recomendaciones, si
bien se habían dado varios pasos iniciales para
la futura creación de una policía judicial.
En junio, Amnistía Internacional escribió al
Presidente Callejas aprobando su declaración de
compromiso en la protección de los derechos
humanos e instándole a que tomara las medidas
necesarias para garantizar que se investigarían
a fondo los abusos, incluidos los homicidios, y
que se juzgaría a los responsables. La
organización continuó haciendo llamamientos para
que se aclarase el paradero de aproximadamente
150 detenidos que habían desaparecido bajo
gobiernos anteriores.
En diciembre, el Ministro de Gobernación y
Justicia anunció que el gobierno hondureño iba a
investigar estos casos de desapariciones.
Amnistía Internacional recibió con satisfacción
dicho anuncio, y solicitó más detalles de las
investigaciones propuestas. Además, pidió que se
aclarase el paradero de los tres comerciantes
salvadoreños que desaparecieron en noviembre. No
se recibió respuesta alguna.
También en diciembre, el gobierno hondureño pagó
finalmente la indemnización a las familias de
las víctimas desaparecidas Angel Manfredo
Velázquez y Saúl Godínez, tal como había
ordenado la Corte Interamericana de Derechos
Humanos en 1988 y 1989 (véanse informes 1989 y
1990).