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Escenarios de corto plazo
Por
Gustavo Irías
28
agosto 2009
“… El
futuro puede ser indescifrable, y no faltan las condenas del pasado.
Pero no es posible creer que merezcan otra primavera interrumpida”
Héctor Pérez Brignoli
1) INTRODUCCIÓN
Honduras
a pesar de poseer históricamente altos niveles de pobreza y exclusión
social que la han ubicado entre los países con menor nivel de desarrollo
humano en América Latina, en términos políticos, por lo menos en los
últimos 50 años, no se han producido “rupturas” significativas que
alteraran el equilibrio conservador construido por la elite gobernante.
Si bien es cierto, la histórica huelga de los obreros bananeros en 1954
cuestionó las formas originarias de sobreexplotación de la fuerza de
trabajo, le facilito a la institucionalidad dominante su ingreso a la
era “moderna” reconociendo legalmente el derecho a la libertad de
organización sindical y popular. En general, los diversos movimientos de
rebeldía popular han terminado en derrota, ahogados por la represión del
Estado y por el débil respaldo social.
Al
respecto, la explicación generalmente aceptada es que en Honduras ha
gobernado una elite política con la capacidad de procesar y solucionar
los conflictos sociales recurriendo a reformas o represión (o bien a una
combinación de ambas), de acuerdo a las características de cada
contexto, con la gran virtud que ha sabido sofocar las crisis
presentadas al corto plazo y sin riesgos para la supervivencia del
sistema y de sus propios intereses Contando para ello con las
Fuerzas Armadas y con los medios de comunicación, como sus instrumentos
más importantes.
La
última crisis de envergadura fue sofocada a mediados de los 70’s, se
trató del conflicto agrario que adquirió proporciones nacionales y
formas de lucha pre insurreccionales, pero que fue hábilmente atenuado
por el gobierno de los militares reformistas. De ese acontecimiento a la
fecha han transcurrido más de 30 años durante los cuales se han
acumulado graves desajustes sociales. Para empezar, Honduras ostenta los
niveles de desempeño económico más deficientes del subcontinente, en
cuarenta años apenas ha tenido un crecimiento per capita anual del 0.8%
[2]
, careciendo el sistema
de la capacidad de dar respuesta a las demandas de empleo digno, la
pobreza se ha extendido como padecimiento crónico y la desigualdad no ha
mejorado
Eso también explica el consistente y
creciente descontento ciudadano con el funcionamiento de la democracia
hondureña, expresado en los estados de opinión
[4]
. Esto
se ha estado produciendo en un contexto donde los índices de
alfabetización y de escolaridad han aumentado, lo que nos indica la
existencia de una creciente frustración con el sistema muy difícil de
gestionar si el sistema no se reforma y proporciona reales oportunidades
a la mayoría de la gente para mejorar sus condiciones de vida. Los
elevados grados de abstencionismo electoral no serían más que una
confirmación de lo anteriormente anotado (en 1980 el 18.6% y en el 2005
el 44.6% de electorado no han asistido a las urnas).
Con
estos antecedentes, es un hecho que la protesta social desatada desde el
28 de junio se explica, en sus causas más profundas, en estos graves
desajustes del sistema; el reformismo de Manuel Zelaya, sumado a la
ruptura constitucional, sólo contribuyó a su aceleración y estallido. De
otra manera resulta difícil explicar más de 60 días de protesta popular
en las diferentes ciudades del país: movilizaciones, tomas de carreteras
y de edificios públicos, conciertos de música popular y otras más. Habrá
que constatar en los próximos meses si el 28 de junio del 2009 marca un
punto de inflexión o quiebre histórico en la Honduras de este nuevo
siglo.
En
realidad Manuel Zelaya no impulsó significativas transformaciones
estructurales que pusieran en peligro los intereses de la tradicional
elite dominante, es más continuó moviéndose en la lógica clientelista de
la política tradicional, siendo permisivo con las prácticas corruptas
que ha sido una de las características más perversas del sistema
político hondureño. Pero Zelaya con su extraordinaria capacidad de
conectarse con los sentimientos de la gente y de comunicar sus ideas a
los sectores sociales menos favorecidos, fue capaz de plantear un
horizonte de ruptura y cambio condensado en el llamamiento a una
Asamblea Nacional Constituyente. En un contexto de frustración social y
deficiente desempeño económico de la democracia hondureña, este discurso
prendió, en principio, en la dirigencia gremial/popular simpatizante del
“Chavismo”, pero luego en el resto del movimiento popular, también en
la población pobre beneficiaria de los bonos de la Red Solidaria y en
las capas medias empobrecidas. Ya antes Zelaya había adherido a Honduras
al ALBA (agosto del 2008), expresado su simpatía con el liderazgo de
izquierda de Sur América y estructurado un discurso con ciertos tonos
anti estadounidense.
Estas
reflexiones iniciales aportan, probablemente, una base más objetiva (como
telón de fondo) para explicarnos la presente crisis, superando la
mirada superficial que limita el análisis al intervencionismo de Hugo
Chávez, la adhesión incondicional de Zelaya a su ideología y su
desobediencia a las ordenanzas de la Corte Suprema en el tema de cuarta
urna (consulta no vinculante para la convocatoria de una Asamblea
Nacional Constituyente).
2) ESTALLIDO DE LA CRISIS Y LA RECONFIGURACIÓN DE LOS ACTORES
ESTRATÉGICOS
2.1 El momento previo a la crisis
Los días
previos al estallido de la crisis expresaban mucha tensión y
polarización política no experimentada por la sociedad hondureña en los
últimos cincuenta años. Los puntos más sobresalientes eran los
siguientes:
§
Agenda marcada por el llamado del Ejecutivo a la consulta popular
(“cuarta urna”) y a la Constituyente.
§
Rumbo político del gobierno definido por el proyecto de la ALBA.
§
Ausencia de una
candidatura presidencial de continuidad del proyecto de Zelaya, pero
incremento de su simpatía popular (Encuesta de CID Gallup de febrero del
2009 y del Barómetro de Gobernabilidad Iberoamericano)
[5]
.
§
Confrontación intra
partidaria (desacuerdos entre el “melismo”
[6]
y la alianza Micheletti-Santos
en el Partido Liberal; intento de Pepe Lobo de tomar distancia de los
sectores más conservadores del Partido Nacional para disputar la base de
simpatía al Presidente de la República).
§
Pugnas entre los diferentes poderes del Estado.
§
Desobediencia del ejecutivo a decisiones del poder judicial en el tema
de la “cuarta urna”.
§
Fuerte campaña en los medios de comunicación a favor y en contra de la
“cuarta urna”.
§
Acusaciones de ruptura constitucional y de continuismo presidencial.
§
Rumores de golpe de Estado y reiterados desmentidos por los voceros de
las Fuerzas Armadas.
§
Fraccionamiento electoral
sin precedentes de la izquierda: rupturas dentro de la UD
[7]
y surgimiento de
candidaturas independientes progresistas.
§
Respaldo de los sectores más activos del movimiento popular a la
propuesta del Presidente Zelaya por la “cuarta urna” y la Constituyente.
§
Gobierno de Zelaya actuando como partido político (recolección de firmas
de respaldo a la “cuarta urna”, articulación de un bloque popular de
respaldo y otras acciones, utilizando como personal de apoyo a los
empleados públicos).
§
Embajada de EEUU llamando al respeto de la Constitución y a las
elecciones de noviembre del 2009, tratando de mantener un bajo perfil
público.
§
Reagrupación de la oposición política a la “cuarta urna” a partir de
dirigentes intermedios de los dos grandes partidos tradicionales,
atrayendo a otros sectores políticos (PINU y DC) y a los sectores
religiosos (católicos y protestantes). Surgimiento de nuevos
agrupamientos representantes de una sociedad civil con orientación
política de derecha: Alianza por el Cambio, Unión Cívica Democrática y
otras.
Es difícil saber exactamente cuáles
hubieran sido los siguientes pasos de Zelaya, después de la consulta
popular no vinculante por la cuarta urna. Sin embargo, la elite
dominante interpretó el proyecto de Zelaya de alta peligrosidad para la
estabilidad del sistema y recurrió al viejo expediente del Golpe de
Estado. Obviando por completo la institucionalidad democrática
construida en los últimos 28 años, en una situación donde todos los
poderes del Estado estaban a favor de la elite dominante, con la única
excepción del Ejecutivo (controlado por Zelaya).
En todo caso, quedo en evidencia la
precaria cultura democrática de los actores claves que han sostenido la
institucionalidad hondureña que ha entrado en un grave desajuste,
difícil de revertir en el corto plazo.
2.2 Factores claves de la crisis hondureña
Si bien es cierto que los elementos que hicieron la crisis se fueron
acumulando desde tiempo atrás, ésta estalló con el rompimiento
constitucional de la madrugada del 28 de junio, desatando una situación
de incertidumbre propia de toda crisis política y abriendo la
posibilidad de la consolidación de la ruptura conservadora o su
reversión en un cambio reformista. Diferente a otros momentos en la
historia de Honduras, la elite gobernante, esta vez no tuvo la capacidad
de resolver la crisis en el corto plazo y sin mayores riesgos para la
supervivencia de sus propias “reglas del juego”. Ciertamente se han
presentado un conjunto de factores que no lo han hecho posible, tanto de
origen interno y externo.
En
primer lugar,
el estallido de la crisis política no atenuó sino que profundizó la
polarización política, produciendo una reconfiguración de los actores
estratégicos. En este punto dos hechos claves hay que destacar: i)
La conversión de la elite política tradicional en un sólido grupo
político-militar-empresarial cohesionado ideológicamente en torno a un
enfoque anticomunista de guerra fría, donde
convergen “viejos” cuadros de los dos grandes partidos tradicionales con
un rol destacado en la represión contrainsurgente de los años ochenta.
De allí que no sean casuales sus posiciones duras para negociar. Además
alrededor suyo han logrado agrupar una apreciable base social de
respaldo de sectores de clase media, religiosos (especialmente
evangélicos) y de la militancia conservadora de los partidos
tradicionales. Y ii) La rearticulación del movimiento social en
un amplio y unitario Frente de Resistencia al golpe, en torno a dos
objetivos comunes: el reestablecimiento del Presidente Zelaya y la
convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que redefina las
“reglas del juego”. Este frente ha surgido del fragmentado
movimiento popular, de las organizaciones de izquierda y de la población
simpatizante al presidente Zelaya. Nunca en la historia moderna del país
los sectores progresistas y de izquierda habían logrado construir tan
amplia alianza y mantenerse movilizados en las calles por tanto tiempo a
pesar de la represión y las condiciones climáticas adversas.
Resulta
difícil contabilizar el número de personas movilizadas en cada bando,
pero una encuesta de opinión de CID GALLUP, levantada días después del
rompimiento constitucional nos aporta una idea. En esta encuesta un 41%
justificaba el golpe de estado y un 46% lo desaprobaba. Aunque también
un 56% de la población desaprobaba la intención de Zelaya de incluir la
cuarta urna en las elecciones generales del próximo noviembre
[8]
. Estos datos confirman
la polarización política actual de la sociedad hondureña.
En
segundo lugar,
un factor clave a destacar es el desconocimiento diplomático unánime de
la comunidad internacional al gobierno instalado el 28 de junio y que es
encabezado por Roberto Micheletti. En un contexto de post guerra fría
donde el elemento dominante ha sido la expansión de la democracia como
régimen político en América Latina y el mundo, la ruptura constitucional
ha contado con el rechazo desde la Organización de Estados Americanos
(OEA), incluyendo al gobierno de los EEUU, la Unión Europea y demás
bloques de países. Hasta el momento se ha implementando un conjunto de
medidas de presión que han incluido: i) Por parte de la OEA, la
suspensión de Honduras como miembro pleno de este organismo y respaldo
activo y directo del Plan Arias (que ha incluido la visita a Honduras de
un grupo de cancilleres); ii) Por parte del gobierno de los EEUU,
cancelación de la totalidad de la ayuda militar, suspensión selectiva de
algunos programas de ayuda, cancelación de algunas visas diplomáticas de
funcionarios golpistas; y, suspensión de la expedición de visas no
inmigrantes para ciudadanos/as hondureños; iii) Por parte de la Unión
Europea, cancelación de los desembolsos pendientes de ayuda (por uno 90
millones de euros); y, iv) el Sistema de Integración Centroamericano
(SICA) ordenó el cierre de las fronteras con Honduras por 48 horas y ha
cancelado todo tipo de desembolsos del BCIE destinados al gobierno
hondureño. Otros países han cancelado el estatus diplomático de
embajadores afines al gobierno de facto y reconocido los representantes
nombrados por Zelaya. En resumen, el actual gobierno hondureño esta
aislado del mundo, pero aún así se mantiene firmemente instalado en el
poder. Aquí cabe una interrogante:
En todo
caso, la eventual consolidación del gobierno de facto constituye una
real amenaza para la frágil democracia de América Latina y plantea la
eventual apertura de un nuevo período de golpes militares e
inestabilidad política. Por ello, Honduras se ha constituido en una
pieza esencial en la defensa del régimen político democrático en las
Américas en torno a la cual están coincidiendo las disímiles fuerzas
políticas del continente. Aunque también hay que reconocer la existencia
de sectores políticos, algunos de ellos ubicados en la misma
Administración de Washington, que sostienen que es preferible “detener
al chavismo” (Hugo Chávez) que defender la vigencia de la democracia en
el continente. Es más, varios dirigentes del golpe de Estado en
Honduras, se adjudican el primer triunfo contra el “chavismo” y su
socialismo del Siglo XXI en América y llaman a seguir su ejemplo en
países como Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Adicionalmente, la coincidencia de la crisis económica mundial y la
crisis política nacional le aporta una complejidad especial a la
crisis hondureña y mayores costos económicos y sociales. En el primer
trimestre de este año ya se registraba una reducción del dinamismo
económico y una reducción en la tasa de empleo. Se espera que Honduras,
al final del año, registre un crecimiento económico negativo. Por
supuesto que esto agravará el ya deficiente desempeño de la economía, en
especial de la pequeña y mediana producción. Al respecto, existen datos
preocupantes expresados por José Núñez, Presidente de la Asociación
Nacional de Pequeños y Medianos Productores –ANMPIH-, en el sentido que
la crisis política ha hecho caer en un 60% la producción y el empleo
[9]
.
Por otro
lado, es un hecho que en la actual situación de Honduras, marcada por la
profundización de la polarización política, los espacios de diálogo son
limitados para pactar una solución a la crisis actual. Hasta el momento,
el único espacio visible de diálogo ha sido la medición abierta por
Oscar Arias
[10]
, presidente de Costa
Rica; dónde el diálogo ha sido escaso y facilitado a través del
mediador. En realidad quienes rompieron el orden constitucional no
tienen ningún interés de diálogo que implique la posibilidad de
reestablecer a Zelaya en el poder y para el Frente de Resistencia no es
posible el diálogo sin en el establecimiento de condiciones básicas que
impliquen el restablecimiento del orden constitucional (incluido el
restablecimiento de Manuel Zelaya en la Presidencia), garantías
individuales ciudadanas y el cese de la violencia del Estado.
Desde el
gobierno de Micheletti se apuesta a que la solución de la crisis estará
en la celebración de las elecciones de noviembre de este año; mientras
tanto la comunidad internacional continúa abogando por la propuesta de
Arias, pero el tiempo se esta agotando. Asimismo, las elecciones
generales se presentan como un espacio donde pueden producirse las
primeras fisuras del Frente de la Resistencia. Tanto el Partido de
Unificación Democrática (Izquierda) y una candidatura independiente
progresista (representada por el ex dirigente sindical Carlos Reyes)
están habilitadas legalmente para participar en estas elecciones.
Asimismo, avanzar a este proceso electoral sin una solución de la crisis
política actual plantea el alto riesgo de una profundización de la
crisis, hasta llegar a un boicot de las elecciones. De allí que este
próximo torneo electoral resulta esencial para proyectar los escenarios
políticos de futuro de corto plazo (una mirada hacia delante de seis
meses).
3) LOS ESCENARIOS DE CORTO PLAZO: ¿PRESERVACIÓN DEL STATU QUO O
AVANCES HACIA LA REFORMA DEMOCRÁTICA?
De cara
al futuro mediato de Honduras, hay dos variables claves a considerar la
calidad de la institucionalidad del proceso electoral (que
considera la realización de las elecciones con el reestablecimiento del
orden constitucional o en su actual situación de facto) y la
orientación política estratégica que asuma el país (mantenimiento
del statu quo o avanzar hacia una reforma democrática). El cuadro
siguiente ilustra esta construcción:
|
Calidad
institucional |
Orientación
Política Estratégica
|
|
Statu quo
|
Reforma
democrática
|
|
Elecciones
con restablecimiento de Zelaya
|
Escenario
1:
Compromiso
pactado en base a Plan Arias, estabilidad temporal
|
Escenario 2:
Gobierno de
coalición, con una agenda de reforma democrática
|
|
Elecciones
con gobierno de facto
|
Escenario
3:
Gobierno de
minoría, sin legitimidad, y extensión de la crisis.
|
|
Al
margen del esquema anterior, que resulta demasiado rígido para captar la
compleja realidad hondureña, también es posible considerar el escenario
de NO ELECCIONES en noviembre que dependiendo de los caminos que
se tomen podría contribuir a una salida de la crisis o bien a una mayor
complejidad. Más adelante se aportarán algunos elementos al respecto.
La
imagen reflejada en la Grafica anterior hay que completarla con las
condiciones externas (contexto) que bien sabemos que de mantenerse
el gobierno de facto se agravarán, siendo sus costos sociales y
económicos mayores a las que ya se esperaban con la crisis económica
mundial. En realidad el retorno de Zelaya a la Presidencia no
significará mayor alivio a la economía, pero el deterioro podría ser
atenuado con la normalización de los flujos financieros de la
cooperación internacional, de los cual cuales depende en gran medida la
capacidad de inversión y de sobrevivencia del dependiente Estado
hondureño.
Los
escenarios identificados son los cuatro siguientes:
1) Compromiso pactado en base a Plan Arias, estabilidad
temporal
Se
reestablece el orden constitucional con el regreso del Presidente
Zelaya, que representa la base de un compromiso pactado entre los
grandes actores del conflicto, en ese marco se realizan las elecciones
generales de noviembre que adquieren un grado de legitimidad aceptable
nacional e internacionalmente. A pesar de los esfuerzos de una alianza
por el cambio que involucra a los diferentes actores del Frente de la
Resistencia (simpatizantes liberales de Zelaya, el partido de
Unificación Democrática, la candidatura independiente de Carlos H. Reyes
y ciudadanos con diferentes inclinaciones políticas) termina por
imponerse la candidatura de uno de los dos grandes partidos
tradicionales. Los problemas de fondo generadores de la crisis son sólo
parcialmente reconocidos por los ganadores del torneo electoral. De esta
manera entramos a una estabilidad temporal, con reales riesgos de un
nuevo estallido social en el corto/mediano plazo,
La
dinámica de los actores que determinan este escenario es la siguiente:
§
Las candidaturas de los partidos progresistas (UD, independientes y
liberales “melistas”) aunque pactan un marco de alianza, desarrollan
campañas por separado dividiendo el voto de simpatía y desestimulando a
los electores independientes por el cambio. Electoralmente el
planteamiento de la Asamblea Constituyente (a futuro) no tiene el
respaldo esperado por esta alianza.
§
Los partidos tradicionales logran convencer al electorado que han sido
factores claves para resolver la crisis y que su vocación es por la
democracia. Sin embargo, sus programas e intenciones de gobierno
continúan vaciados de contenido de la reforma democrática que requiere
el país.
§
A
pesar de los esfuerzos realizados por el Tribunal Supremo Electoral el
abstencionismo persiste representando un rechazo y desencanto del
electorado con el sistema político.
§
El gobierno resultante de este proceso es reconocido por la comunidad
internacional, dando fin al aislamiento del país. Se reestablecen los
flujos financieros de ayuda al desarrollo.
2) Gobierno de coalición, con una agenda de reforma
democrática
Igual
que el escenario anterior, se reestablece el orden constitucional con el
regreso del Presidente Zelaya en el marco del Plan Arias y se realizan
las elecciones de noviembre. El Frente de Resistencia se mantiene como
un bloque unitario y se transforma en una amplia coalición electoral,
que respetando la actual ley electoral definen un candidato único y un
“combo” que incluye candidatos/as a diputados y a las alcaldías
municipales de los diferentes partidos políticos. Los candidatos de los
partidos tradicionales reciben el voto de castigo del electorado y, por
primera vez en la historia de Honduras, triunfa electoralmente una
coalición progresista de izquierda. Siendo el punto de partida de un
proceso de reforma democrática que modifica las actuales “reglas del
juego” y busca resolver los problemas de fondo generadores de la crisis.
La
dinámica de los actores que explican este escenario es la siguiente:
§
El Frente de Resistencia convertido en frente electoral (bajo la sigla
de la UD) logra definir un programa de reforma democrática, resultado de
la consulta a diferentes sectores del país, este programa incluye el
planteamiento de constituir una Asamblea Nacional Constituyente (a
futuro) pero en esencia retoma aspiraciones claves de la sociedad
hondureña por transformar el país y toma distancia de la propuesta
política del “chavismo”. Es por ello que este programa convoca a un
amplio sector del electorado.
§
El Frente de Resistencia tiene la habilidad de pactar puntos claves de
su programa con un sector de la empresa privada que públicamente
manifiesta su respaldo a la agenda de reforma democrática.
§
El Frente de Resistencia establece contactos informales con el gobierno
de los EEUU, donde ambos se comprometen a futuro en sostener relaciones
de mutuo respeto, identifican y pactan áreas de colaboración.
§
Los candidatos de los partidos tradicionales son percibidos por el
electorado como responsables de la ruptura constitucional y de los
problemas estructurales de fondo que afectan al país (la exclusión y la
pobreza).
§
En estas elecciones el entusiasmo del electorado crece y se reduce el
elevado nivel de abstencionismo. Teniendo este resultado electoral un
alto nivel de legitimidad.
§
El nuevo gobierno es reconocido por la cooperación internacional, se
reestablecen los flujos financieros de ayuda al desarrollo. Algunas de
estas agencias y gobiernos se comprometen a incrementar la ayuda para
financiar la reforma democrática.
3) Gobierno de minoría, sin legitimidad, y extensión de la
crisis
Las
elecciones son realizadas en el marco del actual gobierno de facto. El
gobierno surgido de este proceso carece de legitimidad tanto nacional
como internacional y se presentan las condiciones para una extensión de
la crisis. Sin embargo, este escenario podría tener dos variantes: i) Un
escenario donde sólo participan los dos grandes partidos tradicionales y
sus aliados (DC y PINU), que nos plantea una situación de absoluta
ilegitimidad; y, ii) Un escenario donde no solo los dos partidos
tradicionales y sus aliados participan, sino que también el Partido UD y
algunas candidaturas independientes lo hacen, que nos propone un
escenario donde sus resultados tendrán un grado aceptable de
credibilidad, refrendada con observadores electorales
(independientemente que no sean de la OEA). Esto sólo bajo el supuesto
que estas elecciones discurren en un clima de normalidad, sin ninguna
resistencia popular y con el silencio del Presidente Manuel Zelaya. Pero
sabemos que aún con la participación electoral de una facción de la UD y
de algunas candidaturas independientes, sectores del Frente de la
Resistencia presentaran oposición al proceso electoral.
La
dinámica de los actores que determinan este escenario es la siguiente:
§
Sectores del Frente de la Resistencia al golpe intentaran boicotear las
elecciones bajo diferentes formas: llamamientos a no votar, bloqueos de
centros de votación y otras formas.
§
Los partidos tradicionales tratarán de proyectarse de una manera
diferente al electorado, probablemente intenten presentar propuestas más
estructuradas, conscientes del descrédito que actualmente goza el
sistema de los partidos políticos.
§
Es probable que se desate la tradicional confrontación inter partidaria,
siendo esperable un incremento del abstencionismo electoral que podría
llegar a más del 50% del electorado.
§
Dependiendo de los resultados de este proceso y de los actores
participantes, la comunidad internacional decidirá si normaliza las
relaciones con el nuevo gobierno surgido de estas elecciones. Es
probable que la respuesta sea diversa, dependiendo de los intereses de
cada país y agencia de cooperación.
4) Elecciones no se realizan en noviembre
Ante el
crecimiento de la presión de la comunidad internacional, de último
momento, el gobierno de facto esta planteando la renegociación del Plan
Arias que consideraría la posibilidad de integrar un gobierno de
transición, sin incluir a Zelaya ni a Michelletti, que extienda el
período de gobierno en un año mínimo para la organización de las
elecciones en condiciones de mayor “normalidad”. En realidad esta
propuesta beneficia, principalmente, al candidato del Partido de
Gobierno (Elvin Santos) cuyo partido (El Liberal) se encuentra
totalmente fragmentado resultado de la crisis política nacional. Parece
difícil que el candidato de la oposición (Porfirio Lobo) que se perfila
como el virtual ganador (en el escenario 3), pueda avalar una iniciativa
de esta naturaleza. En todo caso este cuarto escenario, refleja dos
cosas: i) la complejidad de la solución de la crisis hondureña al corto
plazo; y, ii) el probable inicio de un resquebrajamiento del bloque
político de respaldo al gobierno de facto. En caso de llegar a
concretarse, este cuarto escenario presenta dos variantes. La primera,
nos puede llevar al escenario uno: “compromiso pactado y estabilidad
temporal”. La segunda, nos puede conducir al escenario dos:
“Gobierno de coalición, con una agenda de reforma democrática”.
A manera
de cierre: entre lo probable y lo deseable
Dadas
las circunstancias actuales el escenario más probable sería el de la
realización de las elecciones en el marco del gobierno de facto que nos
daría como resultado un “gobierno de minoría, sin legitimidad, y una
segura extensión de la crisis”.
Por otro
lado, desde una perspectiva de gobernabilidad democrática. Lo deseable
sería el de “un gobierno de una amplia coalición con una agenda de
reforma democrática”, que sería el mejor camino en la búsqueda de
una salida duradera a la crisis que enfrentamos en el presente y la
oportunidad histórica para los sectores democráticos y progresistas
hondureños de empujar las necesarias reformas que urgen en Honduras.
En todo
caso, considerar que la situación de Honduras se modifica cada día y
semana. Resultando muy difícil apuntar con precisión a cuál podrá ser
el escenario que tendremos en noviembre de este año. Así que este
conjunto de propuestas de escenarios no nos aportan respuestas precisas
de lo que pasará en el futuro inmediato, pero nos ayudan como referentes
para orientarnos en la toma de decisiones como organizaciones ciudadanas
y ciudadanos en particular que aspiramos a vivir en un país más justo y
democrático.
[1]
Pérez
Brignoli, Héctor. Breve historia de Centroamérica. Alianza
Editorial, 1985. Pág. 156.
[2]
Cf.
Achard, Diego/ González, Luis. Honduras los escenarios posibles
2006-2009. PNUD. Septiembre 2006. Pág. 2.
[3]
En
Honduras se ha consolidado un sistema de desigualdad social extrema
donde el 20% de la población con más altos ingresos recibe el 55% del
ingreso nacional, mientras el 20% de la población de más bajos ingresos
apenas percibe el 4.7% del ingreso nacional (Fuente: PRODDAL/Honduras.
La Democracia en América Latina. Enfoque: Centroamérica/ Honduras. 2004.
Pág. 28.
[4]
Ver los
reportes anuales de Latinobarometro (http://www.latinobarometro.org/).
En general, la opinión mayoritaria de la población hondureña considera
que la democracia funciona mal, que las desigualdades sociales aumentan,
que los gobiernos administran el Estado en función de los intereses de
grupos de poder minoritarios, que la influencia del voto para cambiar
las cosas no es significativo, que la corrupción gubernamental se
incrementa, que las instituciones públicas son ineficientes. Además,
existe una percepción mayoritaria, incluso en períodos de bonanza
económica, que a futuro la situación personal y familiar será peor.
[5]
Durante
la administración del Presidente Zelaya, los índices de aprobación han
sido altos: en el 2006 su aprobación era del 50%, en el 2007 subió al
61%, en el 2008 cayó a 52% y en abril del 2009 obtuvo un 62% de
aprobación, de acuerdo al Barómetro de Gobernabilidad Iberoamericano.
(Eduardo Gamarra/ Diana Pardo. Las encuestas y el golpe en Honduras.
Nuevo Herald, 27 de Julio 2009 )
[6]
“Melismo” hace referencia a la corriente política encabezada por el
Presidente Zelaya.
[7]
UD,
hace referencia al Partido de Unificación Democrática, inscripto
legalmente y reconocido como el representante de la izquierda
hondureña.
[8]
Diana
Logreira- Gessel Tobías. Honduras un país dividido. Washington 9/07/09,
AF.
[9]
La
Prensa. Producción
y empleo en las Mipymes cae en 60%. Bajas ventas, poco financiamiento y
lentitud en trámites son los problemas que las aquejan.
20 agosto del 2009
[10]
En contenido del Plan Arias para la solución de la crisis se resume en
los puntos siguientes: 1) Constitución de un Gobierno de Unidad y
Reconciliación Nacional integrado por representantes de todos los
partidos políticos; 2) Amnistía para los delitos políticos antes y
después de los acontecimientos del 28 de junio; 3) Renuncia a convocar
una Asamblea Nacional Constituyente; 4) Adelanto de la realización de
las elecciones y del traspaso de gobierno; 5) Dejar las Fuerzas Armadas
a disposición del Tribunal Supremo Electoral desde un mes antes de las
elecciones; 6) Retorno de los poderes del Estado a su integración previa
al 28 de junio; 7) Constitución de una Comisión de verificación de los
acuerdos y una Comisión de la Verdad de lo acontecido antes y después
del 28 de junio; 8) Normalización de las relaciones de la república de
Honduras con la Comunidad Internacional. (Esta propuesta de Acuerdos
fue planteada el 22 de julio del 2009).
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